El costo por lote nunca se cierra
Se sabe cuánto se compró y cuánto se vendió, pero no cuánto costó producir ese pedido en particular. Sin ese número, el precio se pone mirando al vecino en vez de mirar la propia planta.
Un taller que cotiza con el costo del año pasado está regalando margen en cada pedido, y no lo sabe hasta que cierra el año.
La materia prima subió, el proceso cambió y la lista de precios sigue calculada sobre números de hace dos años.
Se sabe cuánto se compró y cuánto se vendió, pero no cuánto costó producir ese pedido en particular. Sin ese número, el precio se pone mirando al vecino en vez de mirar la propia planta.
Lo que se dañó, se cortó mal o sobró no se registra como merma: aparece meses después como una diferencia en el conteo que nadie sabe explicar.
El cliente llama, y para contestarle alguien tiene que caminar hasta producción. Con las etapas registradas, la respuesta está en la pantalla.
Se acaba en mitad de un pedido y toca comprar al precio que haya. Un mínimo por material y el consumo previsto de las órdenes abiertas evitan esa compra cara.
Las etapas son las suyas, no las de una plantilla. Se ve en cuál está cada pedido sin levantarse del escritorio.
Cada orden descuenta lo que realmente usó, y lo que se dañó se registra como merma en vez de desaparecer.
Material, mano de obra y lo que se mandó a hacer afuera, sumados al pedido que los consumió.
Materia prima, producto en proceso y producto terminado, contados por aparte porque no son lo mismo.
Cuándo le toca a cada máquina, y qué pedidos se caen si se para.
El precio sale del costo actual del material, no de una lista que alguien actualizó hace dos años.
El proceso real casi nunca es el del manual. Antes de escribir una línea hay que verlo como ocurre, con la gente que lo hace.
Etapa por etapa, con los operarios. Lo que se anota en un tablero, lo que se sabe de memoria y lo que se pierde entre turnos.
Materia prima, proveedores y lo que lleva cada producto, tomados de sus propias listas.
Primero saber en qué etapa va cada pedido sin caminar a preguntar. El costeo fino entra en la siguiente entrega.
Comparamos el costo que arroja el sistema contra la factura real del material. Si no cuadra, se ajusta antes de seguir.
Sí, y es el caso para el que mejor funciona. Cada orden lleva su propia lista de materiales y su propio costo. Si dos pedidos nunca son iguales, un sistema de catálogo cerrado no le va a servir.
Sí. Las etapas se configuran una vez con su gente y se ajustan después sin tocar código. Ningún taller trabaja igual que otro.
Los datos salen a Excel con la estructura que su contador pida, y si usa un programa contable, el sistema se conecta con él en vez de pelearse.
La primera conversación no cuesta nada y de ahí sale un alcance claro. Escoja por dónde prefiere hablar.